¿Cuándo y por qué resulta más fácil mezclar varios idiomas que utilizar uno solo?

Radka Svetozarovová
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Granada, España

(cc) Martin Belam.

(cc) Martin Belam.

En comunidades bilingües es muy común que sus integrantes cambien de un idioma a otro, no solo durante el día, sino también durante la conversación o incluso dentro de una misma frase. Si bien a muchos de nosotros nos puede parecer difícil, ellos parecen hacerlo de manera casi automática. Un estudio reciente revela que no siempre es eficiente realizar estos cambios de idioma, pero que, en ciertas ocasiones, los hablantes son capaces de usarlos en su propio beneficio.

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Imagínate que estás participando en un experimento y la tarea que tienes que realizar es la siguiente: en una pantalla se van proyectando pares de números, uno en blanco, otro en negro. Durante todo el experimento, únicamente tienes que nombrar el número negro. Esta tarea resulta relativamente fácil. Imagínate ahora que se modifica la tarea (Figura 1): justo antes de que aparezcan los números, escuchas un sonido (clave acústica). Si es agudo (biip), tienes que nombrar el número blanco. Si es grave (boop), tienes que nombrar el número negro. Esta tarea ya no resulta tan sencilla como la anterior.

Figura 1.- Ejemplo de experimento con clave. Arriba: señal auditiva; si el sonido es agudo, nombra el número blanco; si es grave, nombra el número negro. Centro: imagen presentada en pantalla. Abajo: respuesta correcta.

Figura 1.- Ejemplo de experimento con clave. Arriba: señal auditiva; si el sonido es agudo, nombra el número blanco; si es grave, nombra el número negro. Centro: imagen presentada en pantalla. Abajo: respuesta correcta.

Los bilingües, al hablar, muchas veces mezclan sus dos o más idiomas. Pero si mezclar dos tareas, como en el ejemplo anterior, es mucho más difícil que centrarse en una sola, ¿por qué los bilingües tienden a mezclar sus idiomas y, además, parece que lo hacen sin demasiado esfuerzo?

Debemos tener en cuenta que, como explican Green y Abutalebi (2013), los idiomas pueden mezclarse en dos contextos diferentes. Está el contexto dual, donde el bilingüe usa ambos idiomas en el mismo ámbito, pero con diferentes personas (p.ej., uno con el padre y otro con la madre), lo cual requiere mucho control lingüístico y es bastante costoso. Pero también existe el contexto denso, donde los bilingües comparten tanto el ámbito como las lenguas, por lo que pueden cambiar de un idioma a otro dentro de la misma conversación o incluso frase.

Es precisamente este segundo contexto el que resulta más llamativo, puesto que los hablantes pueden mezclar libremente las lenguas. ¿Por qué lo hacen? ¿Realmente les resulta beneficioso, frente a mantener un solo idioma? Para responder a estas preguntas, Bruin, Samuel y Duñabeitia (2018) sometieron a un grupo de bilingües vasco-españoles a una serie de experimentos. En todos ellos, en la pantalla se iban proyectando, una tras otra, imágenes de objetos cotidianos que el encuestado tenía que nombrar. Lo que se medía era el tiempo que cada individuo tardaba en contestar desde el momento en que veía la imagen (tiempo de reacción). Las tareas fueron distribuidas en tres bloques (en todos ellos, las imágenes utilizadas eran las mismas): 1) bloque monolingüe, donde había que nombrar todas las imágenes en una sola lengua, primero en español y después en vasco, o viceversa; 2) bloque con clave, parecido al contexto dual, donde antes de cada imagen aparecía una bandera (vasca o española), que le indicaba al hablante en qué lengua tenía que nombrar la imagen; y finalmente, 3) el bloque libre, parecido al contexto denso, donde el encuestado podía nombrar cada imagen en la lengua que quisiera.

Los resultados indicaron que, cuando un bilingüe nombraba dos imágenes consecutivas en idiomas diferentes en el bloque con clave, sus tiempos de reacción eran más largos que si las nombraba en la misma lengua, es decir, que había un “coste de cambio”. Este resultado era esperable, ya que el cerebro tiene que inhibir el idioma anterior y acomodarse al nuevo. Pero cuando el cambio de idioma se daba en un bloque libre, se observaban los tiempos de reacción más cortos de todos. Parece ser que, si el cambio se hace de forma voluntaria, al bilingüe no le cuesta hacerlo; es más, le resulta beneficioso mezclar las dos lenguas. ¿Cómo se explica este fenómeno?

De Bruin y col. (2018) descubrieron que la respuesta hay que buscarla en la relación entre un individuo y una imagen concreta: cuando un participante tardaba más en nombrar una imagen en vasco en el bloque monolingüe, en el bloque libre la nombraba en español, y viceversa. Es decir, el participante elegía utilizar el idioma en que le resultaba más sencillo encontrar el nombre de esa imagen.

Por tanto, en un ambiente bilingüe en el que el hablante puede mezclar libremente ambas lenguas, opta por la lengua en la que le resulta más rápido expresar una idea concreta. Al elegir la mejor de entre dos lenguas en cada momento, el resultado final es más eficaz que el uso permanente de una sola de sus lenguas… siempre que el oyente conozca las dos también, claro.

Referencias

de Bruin, A., Samuel, A. G., y Duñabeitia, J.A. (2018). Voluntary Language Switching: When and why do bilinguals switch between their languages? Journal of Memory and Language, 103, 28-43.

Green, D. W., & Abutalebi, J. (2013). Language control in bilinguals: The adaptive control hypothesis. Journal of Cognitive Psychology, 25, 515–530.

Manuscrito recibido el 12 de noviembre de 2019.
Aceptado el 23 de enero de 2020.

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